El establecimiento de un registro obligatorio de líneas móviles en México, puede parecer atractivo en el corto plazo, mientras ayude a terminar con los delitos cometidos que se cometen usando el servicio de telefonía móvil, como argumenta el Estado, pero cuando ya no queden más líneas sin registrar, puede ser “muy tentador” como medio de control ciudadano.
“Dar todo el poder a una sola entidad –la que sea—puede ser una idea muy mala porque puede llevar a que alguien decida quién tiene acceso o no al internet y hasta puede pasar, como ya ocurrió en algunos regímenes totalitarios, que jubilaron el acceso a internet a opositores políticos”, advirtió Andrés Fernández, cofundador del sistema de criptoactivos Monero.
Al anunciar en conferencia de prensa virtual la realización en febrero en la Ciudad de México de “Monerotopia”, un festival en torno al ecosistema de las criptomonedas, aseguró que “si hay que errarle hacia un lado, nosotros pensamos que siempre es mejor errar hacia el lado de la libertad individual”.
A manera de ejemplo, presentó el caso de China, donde el Estado controla todo y donde la moneda física ya desapareció: “puedes comprar las verduras de un proveedor local, pero como el gobierno ve todo lo que haces, quizás no te deja comprar un boleto de tren y así se va perdiendo privacidad”.
Esto puede ser muy tentador para un Estado totalitario, porque la idea puede parecer buena e incluso contar con apoyo de la población, pero cuando no hay un freno técnico para un ente centralizado que tiene toda la información de los ciudadanos, las cosas pueden complicarse.
En el caso del ecosistema de Monero, se ha centrado mucho en cuidar la privacidad de quienes mueven los activos, para garantizar que el criptoactivo no pierda su valor, como pasa con otras criptomonedas donde todas las transacciones se rastrean, incluyendo el nombre de quienes las hacen, lo que a veces resta valor a la moneda digital y representa problemas para el comprador.
De ahí que esta fórmula que garantiza la privacidad de quienes realizan los movimientos, al mismo tiempo “es una apuesta por la libertad individual de las personas”.
Cuestionado sobre la posibilidad de que la delincuencia prefiera estos criptoactivos precisamente porque las transacciones no se rastrean, recordó que los sistemas bancarios son en realidad el mayor vehículo de lavado de dinero del mundo.
“Constantemente escuchamos de tal o cual banco grande que es multado con miles de millones porque se descubrió que hubo blanqueo de dinero, pero eso no es nada, si se compara con las transacciones de lavado de activos, que ascienden a billones”.
Esto quiere decir que los sistemas totalmente monitoreados también son usados para el lavado de dinero porque dejan ganancias y por lo tanto, el problema no es que las transacciones sean privadas o no, sino que las organizaciones permiten que se utilice su sistema para el delito.
C$T-GM







































