Para garantizar que los aprendizajes en el uso de la Inteligencia Artificial (IA) ayuden a crear una gobernanza eficaz en el mundo, “no necesitamos reinventar la rueda”; simplemente hace falta llevar un registro objetivo de lo bueno y lo malo, bajo la coordinación de algún organismo de carácter internacional capaz de lograr acuerdos.
Dicho organismo bien podría ser la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por su capacidad técnica y la dimensión económica que representa en el mundo, coincidieron especialistas al participar en la mesa de trabajo: “Incidentes de Inteligencia Artificial: una mirada a equivocaciones del pasado y futuro de la gobernanza”.
Como parte de los trabajos de la “Conferencia internacional sobre Inteligencia Artificial en el trabajo, innovación, productividad y habilidades”, Jimena Viveros, gerente y directora general de IQilibrumAI, destacó que es importante prevenir sesgos en los reportes que se generen sobre las fallas de esta tecnología y por eso no se debe dejar la elaboración de los documentos a quienes han sufrido las consecuencias de los errores de la tecnología.
Destacó que empresas, gobiernos, instituciones o individuos que hayan padecido problemas porque la Inteligencia Artificial cometió un error, pueden generar reportes que no sean lo bastante objetivos, debido a la necesidad de guardarse información que no les conviene difundir y por eso, es necesario que haya observadores independientes encargados de este asunto.
Por su parte Sean McGregor, fundador y director del Instituto de Investigación en Seguridad Digital, señaló que nadie puede tener más claros los detalles de los incidentes, que las propias personas que han padecido sus consecuencias.
Conforme se vayan registrando dichos informes, se generará conocimiento que puede ser de utilidad a otros, cuando empiecen a experimentar situaciones similares. Por ejemplo, si un incidente afecta en Francia, es posible que en Estados Unidos se observe algo con patrones parecidos y entonces se puedan tomar las decisiones adecuadas.
Para que esto suceda, es necesario contar con una entidad especializada, imparcial y capacitada técnicamente para “ir indexando la información” y construir la base de conocimientos que sirva en todo el mundo y esa entidad, bien puede ser la OCDE, destacó.
A su vez, Marko Grobelnik, investigador del Laboratorio de Inteligencia Artificial en el Instituto Jožef Stefan, destacó que más allá de quién haga los reportes e incluso de qué institución pueda ser la encargada de conjuntar toda la información, lo importante es que todas las organizaciones (públicas o privadas) mantengan una “aproximación” similar en el asunto.
“Esto permitirá saber qué lecciones debemos aprender todos y cuál debe ser el enfoque con el que abordemos las soluciones”, porque de otro modo sólo se logrará una multiplicidad de respuestas que no necesariamente se puedan replicar.
En coincidencia con lo anterior, Elham Tabassi, directora de Inteligencia Artificial en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, recordó que la IA es una tecnología global y por eso “tenemos que aprender globalmente qué puede ir mal con ella, para también encontrar globalmente las soluciones”.
Convocó a no perder de vista que sería positivo crear un ecosistema de organizaciones trabajando con el mismo propósito, lo cual sería un gran inicio para la coordinación, porque, insistió, “si la IA es una tecnología global, las soluciones no pueden ser sino globales”.
C$T-GM






































