Robots, Realidad Virtual (RV), Realidad Aumentada (RA), Inteligencia Artificial (IA), accesos con datos biométricos,
impresoras 3D, catálogos digitales con préstamo virtual de materiales digitalizados, ubicación de materiales físicos desde una APP, estantes que se mueven manual o digitalmente para crear zonas de estudio y áreas flexibles para creación de contenido en video, podcasts o audio convencional, ya forman parte de las bibliotecas universitarias en distintos países.
La tecnología ya permite aplicar estas innovaciones, sin embargo, la posibilidad real de que las bibliotecas
universitarias se modernicen, depende en principio de la conectividad, pero también de la aceptación de los bibliotecarios –en general reticentes al cambio–, de los académicos que aún no adoptan la tecnología como método de enseñanza y de modelos educativos “aún anclados en conceptos decimonónicos o de la Ilustración”, advirtieron especialistas.
Durante el seminario “Ampliando los espacios para mejorar las organizaciones”; organizado por EUN, despacho especializado en el diseño de bibliotecas, archivos y museos, Carmen Echeverría, directora de la Biblioteca de la Universidad Pública de Navarra, aseguró que antes de aplicar tecnología a estos espacios, la prioridad es comprender el cambio en el modelo de aprendizaje que se está viviendo.
A través de una videoconferencia desde Navarra, España, Carmen Echeverría señaló que la transformación digital está presente y forma parte de la realidad de todos los espacios universitarios, lo que incluye desde luego la biblioteca, que ha pasado de ser “el templo de la sabiduría donde reinaba el silencio”, a un espacio colaborativo que idealmente debe formar comunidad.
Hoy las bibliotecas deben entenderse como espacios flexibles que lo mismo consideren sitios para el estudio en su forma tradicional, que para propiciar debates entre estudiantes, albergar grupos de estudio de distintas dimensiones, realizar videoconferencias en las mejores condiciones, realizar experimentación digital con distintas herramientas y hasta llevar a cabo eventos públicos como conciertos.
Pero en medio de todo esto, la tecnología juega un papel central, porque se debe entender que las nuevas generaciones buscan y requieren herramientas digitales para el aprendizaje y es necesario allegarse de recursos tecnológicos para ponerlos al servicio de los usuarios de las bibliotecas.
Al respecto, Jairo Hernán Díaz Arias, de la Universidad del Quindio, Colombia, señaló que si bien la tecnología ya irrumpió en todo el quehacer humano y promete cambiar todos los paradigmas, es importante “no deshacernos de todo lo impreso; hay que buscar un equilibrio” y eso depende de un modelo de aprendizaje que aproveche lo mejor de los dos mundos: el digital y el análogo.
No obstante, también destacó que las brechas de conectividad son un tema importante de tener en cuenta, especialmente en países de América Latina donde persisten zonas de marginación importantes, y donde se debe tener el conocimiento necesario para resolver algunos retos.
Por ejemplo, se puede llevar conectividad satelital o se pueden cargar modelos digitales en tabletas, que no requieran conexión a internet.
Con todo, lo importante es la alfabetización digital de los cuerpos docentes, para que los maestros conozcan al menos las herramientas (“nadie habla de que sean expertos”), para saber cómo funcionan y qué pueden aportar, para que así sepan aconsejar sobre qué tipo de tecnología se pueda comprar no sólo para las bibliotecas, sino también para los salones de clases.
Ejemplificó que en su función docente, él personalmente le pide a los alumnos entregar trabajos en formato de podcast o en presentaciones de YouTube, para así estar actualizado en el uso de la tecnología, lo cual no obsta para que ellos puedan -y deban- incluir materiales encontrados en las bibliotecas tradicionales con libros impresos.
“Lo importante es encontrar el balance, para adoptar un modelo híbrido y sostenible”.
En su oportunidad, Jorge Eduardo Peña Zepeda, director del Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Hidalgo, explicó que en general, las bibliotecas siguen el modelo de la Ilustración o el decimonónico, donde se trata de concentrar el conocimiento y distribuirlo de manera muy acotada en espacios cerrados y con mucho control.
Este modelo, insistió, ya no corresponde con la realidad actual y por eso hay que entender a las bibliotecas como espacios comunitarios y recuperar su vocación de “taller” para la creación del conocimiento, donde la tecnología juega un papel muy importante, porque propicia la innovación.
También consideró importante tener en cuenta que no todas las tecnologías tienen sentido en todas las bibliotecas y por eso no hay que estandarizar los modelos. Por ejemplo, en Hidalgo hubo un auge muy fuerte de los pizarrones interactivos y esta tecnología se compró de manera masiva, pero “hubo escuelas donde no fueron
ni siquiera encendidos una sola vez”.
Esto significa que se debe entender qué tecnologías tienen sentido en qué espacios. Por ejemplo, recursos de robótica podrían ser fantásticos para una biblioteca en la Facultad de Medicina o una impresora 3D en la de Ciencias e Ingeniería, pero no en la de Humanidades. En esta última disciplina, una herramienta de Inteligencia Artificial para análisis de textos podría ser de mucho mayor utilidad.
Es importante tener presente que la tecnología por sí sola, no implica la transformación positiva de estos espacios, sino que todo depende del modelo educativo y de los objetivos académicos que se persigan.
C$T-EVP






































